Alpha: Filadelfia, un marmolista y mucho Silestone™

Película inaugural del Festival de Sitges, que vimos tras el aguacero caído y con la incertidumbre de si podríamos verla debido a los apagones que se vivieron en la zona.
Terminado el parte meteorológico, vamos con Alpha (2025). Julia Ducournau daba el pistoletazo de salida por tercera vez al festival de Sitges. La última vez que vino fue como la segunda directora más joven en ganar la Palma de Oro en Cannes con Titane (2021).

Si bien aquella película era radical, abrumadora, metafórica, por momentos sucia, pero sobre todo controvertida —uno salía de verla con la sensación de haber presenciado algo que tomaba Crash (1996), le daba mil vueltas y la convertía en algo más loco de lo que el mismísimo David Cronenberg habría soñado—, esta no. No es nada de todo eso. Puede que juegue en su contra venir con las expectativas muy altas, pero esta nueva cinta no acaba de funcionar. Y uno sale de la proyección preguntándose: “¿A ver si no voy a ser el lápiz más afilado de la sala por no haberme enterado de nada?”. Pero tranquilo: no eres tú, es ella.
Alpha no es más que un dramón familiar con elementos fantásticos que, si no estuvieran ahí, un programador en el mercado de películas domingueras de sobremesa “te la quitaría de las manos”. Y en esto no hay nada malo. Pero ¿para inaugurar un festival de cine fantástico? (Sí, sí, ya lo sé: cuando tenga mi propio festival de cine con más de 50 años, entonces podré opinar).

Esta cinta quiere tocar todas las teclas de un piano a la vez, y tú, como espectador, deberías ser capaz de extraer la melodía. Lo único que está claro —o al menos lo que interpreto— es su asunto principal: el amor incondicional. Pero también esboza otros temas como la drogadicción, el rechazo, la pérdida, la adolescencia, el duelo, la eutanasia, la migración, la homosexualidad, las relaciones incestuosas, los tatuajes carcelarios… Eso sí, cuando un tema es abordado, lo hace con maestría.
Cabría esperar que, al tratar tantos temas, la película mantuviera un ritmo ágil. Pues no: se toma su tiempo, como si quisiera hacer reflexionar al espectador sobre su paciencia. En el último tramo, la fatiga se hace evidente y uno acaba deseando que haya un árbitro presente en la sala que, por fin, pite el final.

Que el metraje se haga pesado y exista cierto desconcierto sobre hacia dónde quiere ir la directora se debe al abuso de la alegoría y la elipsis. Es cierto que el uso de estos recursos es marca de la casa en Ducournau, pero en esta ocasión deja demasiadas cosas por digerir —al menos para este espectador— sin ofrecer asideros que orienten el rumbo. Si dos rehenes del metraje dieran su interpretación de la película, parecería que no han visto la misma obra en ciertos momentos. Y esto, en principio, no es malo —para un cinefórum es perfecto—. Pero, sin destripar nada, a los que la habéis visto: ¿a dónde nos conduce exactamente ese viaje en el tiempo en la habitación de un hotel?
Pero no todo es negativo. Debajo de todo ese ruido hay señales de una gran realizadora. Sabe colocar la cámara ofreciendo momentos hipnóticos o perturbadores. Deslumbra la secuencia de la comida familiar y me gusta mucho la escena en la que se produce el viaje en el tiempo, aunque no entienda cómo encaje en la cinta y sienta que sea el final de la película. (Si los mortales podemos ser así de contradictorios: amar y odiar todo a la vez y en todas partes).

En resumen, Ducournau, en modo lyncheano, presenta en Alpha un drama que, en esencia, me recuerda a Filadelfia (Jonathan Demme, 1993). Solo que aquí el VIH se sustituye por una misteriosa enfermedad contagiosa que te convierte en mármol: el tipo de mal que haría sudar frío al mismísimo Miguel Ángel. No se le puede negar que visualmente es un portento y que intenta hacer algo diferente a lo anterior.
Ahora bien, no me acaba de funcionar. No pasa nada: estas cosas suceden. Por mi parte, la seguiré esperando en próximos festivales; creo que seguirá dándonos películas muy interesantes. Y para que quede para la eternidad… esto último lo grabo en mármol.
“Te seguiremos esperando en próximos festivales"

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